Todo cuanto existe se manifiesta en círculos:
el cielo, la tierra, las estrellas, los planetas…
El viento en su empuje máximo, gira en un
tornado redondo.
Los nidos de los pájaros son circulares,
igual que las cabañas de los pueblos primitivos.
El sol, la luna y las estaciones, en la percepción
del hombre, comienzan su itinerario en el
mismo punto donde luego lo acaban.
Y en el alma de todas estas actividades,
hay un lugar central quieto, calmado.
El tornado, que conserva un núcleo vacío
y ligero, es una figura de la vida
que ha conquistado un invisible centro de paz.
Un lugar donde morar, que suele llegar
propiciado por la madurez de una vida consciente.
Y en esta cueva del corazón sosegado, vive el presente
como si fuera el último presente.
(Francisca Gracián Galbeño)